Ha fallecido Salvador Rivas Martínez

Nos ha dejado, en este extraño y desconcertante verano del 2020, Salvador Rivas, uno de los más grandes alpinistas de nuestra historia. Salvador tenía 85 años y era alpinista desde muy joven, quizás debido a su otra gran faceta personal: la de gran botánico.

Salvador era hijo y nieto de grandes sabios y profesores universitarios de la botánica; él continuó la labor con creciente relevancia hasta llegar a ser un nombre respetado y admirado en la botánica internacional, especialmente en lo relativo a la fitosociología, esto es, la asociación y distribución de las distintas agrupaciones de plantas. Su trabajo le hizo recorrer el mundo entero y su nombre, como el de sus ancestros, está y quedará para siemprevinculado a todo un modo de ver el mundo de las plantas,así como a diversas especies catalogadas y descritas por el propio Salvador. En una palabra, su pasión, contagiosa y admirable, por entender, describir y comunicar cómo es el mundo vegetal, ha sido una constante en su vida y ha desarrollado un importante aspecto del conocimiento sobre nuestra naturaleza. Era sencillamente emocionante observar cómo conocía la geografía botánica de infinitos lugares, con una perspicacia y un rigor que dejaba en evidencia cuánto amaba y con qué seriedad trabajó este campo del saber durante toda su vida. Ese era el profesor Rivas… el catedrático, uno de los más jóvenes de España en su momento, el director de tantos y tantos trabajos sobre la vegetación de nuestro planeta, que ha dejado múltiples obras de referencia internacional. Pero será desde la Academia, a la que pertenecía, desde donde se glosará mejor y con más criterio este aspecto de su vida.Desde aquí, desde su sociedad Peñalara, debemos y queremos incidir en otra de sus grandes pasiones: el alpinismo.

Salvador se inició en la montaña, como decíamos, muy joven. Y pronto, con esa curiosidad de científico, con su inteligencia, su elevada preparación y su audacia empezó a destacar en las actividades de escalada. Rivas abrió rutas de escalada míticas en La Pedriza y en Gredos, formando parte de la inolvidable cordada del “Perro que Fuma”; en el risco del Pájaro en la Pedriza, en la aguja María Luisade los Galayos, en el Circo de Gredos… pero sobre todas, dejó para la posteridad la, posiblemente, más bella ruta de estas montañas, como es la maravillosa vía “Oeste” de la Aguja Negra de los Galayos, abierta en 1957 junto a Francisco Brasas y Pedro Acuña.

Pronto alcanzó renombre y crédito y esto le llevo a jugar un papel sobresaliente en la primera expedición oficial de la Federación Española de Montañismo a los Andes del Perú en 1961, en la que encabezó la cordada que abrió la ruta de la arista del Huascarán y en la que tristemente, acabada la escalada, falleció su querido amigo Pedro Acuña al caer a una grieta. Tiempo habrá, y nuestra revista Peñalara lo recogerá de manera adecuada y prolija, los logros alpinos de Salvador. Ahora, en estos momentos de tristeza y pérdida, cabe apuntar su papel fundamental en la expedición al Cáucaso de 1968, su estancia profesoral en Barcelona con intensas actividades en las montañas catalanas, su participación en las primeras expediciones castellanas al Denali o al Manaslu o su presencia en las primeras expediciones madrileñas al Everest… pero quizás y por encima de todo, su imparable y admirable amor a la escalada y a las montañas y su naturaleza. Pasión que le ha acompañado hasta sus últimos días pues, a pesar de su edad, apenas ha tenido un tiempo de obligado retiro, acudiendo a las montañas con su saber hacer y su admirable entendimiento, hasta fechas muy recientes.

Rivas ha sido un sabio de las plantas, de las montañas y de la vida y su personalidad, fuerte y original, con opiniones y criterios siempre interesantes, han dejado huella en todos aquellos que le hemos conocido. Una vida apasionante, apasionada, activa y completa en lo intelectual y en lo deportivo, que en su caso era una misma cosa, lo cual pocos han logrado con la intensidad y calidad de Salvador Rivas Martínez. Desde Peñalara siempre lo recordaremos como uno de los nombres más señeros y admirables de las montañas, en las que podremos reconocerlo si observamos a nuestros pies algunas delicadas y resistentes plantas de la alta montaña o si miramos hacia lo alto en las más bellas vías que surcan sus paredes.

Adiós Salvador. Muchos recordaremos siempre tus consejos, tus opiniones, tu inteligencia, tu admirable afición y tu indómito coraje para superar las dificultades de las montañas y de la vida. No lo dudes, querido Salvador, las montañas son más, bastante más, pues para siempre, tu obra y tu nombre quedarán ligados a ellas.

Pedro Nicolás

Presidente de la RSEA Peñalara

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