Crónica salida a La Palma, 6-9 diciembre 2018.

La última salida del año de la sección de montaña, en contra de lo que se pueda pensar, no estuvo rodeada de nieve y frío. Fue a  un lugar cálido y volcánico, dónde los cielos son limpios y nos permiten buscar respuestas en el universo a las preguntas que nos hacemos en la tierra, dónde se aúnan los esfuerzos y confluye la sabiduría de gente con diversas lenguas y culturas, ese lugar que todo el mundo llama la isla bonita. La bonita isla de La Palma.

 

Nos desplazamos 15 personas, aprovechando el puente de la Constitución, para en 4 días hacer 3 recorridos que fueran los más representativos de la isla y, así, poder hacernos una idea de esa magnífica isla.

La idea era ir de menos a más en lo que a dureza y duración de las marchas se refiere, porque en cuanto a la belleza de los paisajes, cada uno tenía su particularidad y su grandeza.

 

El primer día nos fuimos a los nacientes de Marcos y Cordero, a ese lugar donde el bosque de laurisilva crece de la manera más natural y bella y dónde, la habilidad del ser humano para canalizar un bien tan preciado como escaso, el agua, nos hace caminar por la ladera de la montaña siguiendo la canalización del agua que, desde lo alto de la montaña, es conducida hacia las plantaciones del valle. Nos ponemos los chubasqueros y frontales para atravesar 13 túneles en los que, por suerte, únicamente nos mojamos en el último. De lo que ya no estoy tan segura es de en cuantos de esos túneles nos obsequiaron con algún que otro chichón en nuestras cabezas.

El segundo día, nuestra marcha crece en distancia y tiempo ya que desde el Roque de los Muchachos pasamos por todos los telescopios que los diferentes países han instalado en la isla y nos asomamos a los magníficos miradores para ver la Caldera de Taburiente desde arriba y deleitarnos con la majestuosidad del gigantesco y abrupto cráter rodeado hasta cierta altura con una paleta de verdes proveniente de los pinos que quedan a nuestros pies, marrones, rojos y amarillos de la tierra oxidada.

Iniciamos nuestra ruta hacia el pico de La Nieve (2.239 m) por todo el rocoso cresterío de la Caldera, lo que nos permite observar el paisaje que queda bajo nuestros pies desde diversos puntos y siempre con el majestuoso Teide al fondo que, debido a la calima que tuvimos en esos días, se nos difuminaba vergonzoso no dejándose ver con total nitidez.

Una vez llegados al pico de La Nieve (que debieran cambiarle el nombre por el pico del Aire….) y, tras deleitarnos contemplando el mar de nubes a nuestros pies y el Teide al fondo (aunque no por mucho tiempo por el viento que hacía), iniciamos el descenso hasta dónde dejamos los coches

 

La última ruta fue la más larga pero la más bonita y fascinante, al menos para mí, por la cantidad de contrastes en el paisaje: terreno y vegetación cambiante y el mar al final de la mirada; caminamos por los bordes de algunos cráteres; nos desviamos de la ruta principal para hacer cuantos picos salían a nuestro paso e inspeccionábamos  y algunos. Se trataba de la ruta de los volcanes, al sur de la isla y que iniciamos en la zona recreativa de El Pilar hasta llegar a Los Canarios.

Si la isla fue bonita, más bonito fue ver y sentir la gran camaradería que tuvimos entre todos los participantes que siempre con buena predisposición y una sonrisa permanente hicieron fáciles las tres rutas y pudieron disfrutar, cada uno a su manera: unos con sus pensamientos, otros con sus reencuentros, algunos con sus silencios y todos con lo que nos gusta: salir a disfrutar la montaña con buena compañía.

Amparo Gassó.

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