Anillo de Picos de Europa modalidad Extrem – Vocalía de Jóvenes

Del 29 de julio al 4 de agosto, la Vocalía de Jóvenes organizó un treking por los Picos de Europa para hacer el Anillo en la modalidad Extrem. Lo hicimos en siete etapas, durmiendo en refugios y aprovechando que pasábamos cerca de algunos picos para subir a su cumbre. Fuimos un grupo de siete personas (cinco pertenecientes a la vocalía y dos que no) en el que siempre imperó el buen ambiente y la camaradería.

Salimos de Madrid el lunes 29 temprano y quedamos en Posada de Valdeón, donde dejamos los coches y empezamos nuestra ruta. Ese día subimos hasta el refugio de Collado Jermoso, donde por desgracia no pudimos disfrutar de las famosas vistas que ofrece, debido a la niebla que había entrado a lo largo de la tarde. La subida nos puso a tono y calentó las piernas para los días que nos esperaban.

El día siguiente amaneció despejado (sería la tónica habitual durante casi todas las etapas) y pudimos, ahora si, ver Peña Santa a lo lejos, por cuya base pasaríamos cuatro días después. Nos dirigimos hacia el refugio de Cabaña Verónica a través del paisaje lunar que se abre al pasar Tiro de Casares, y después de visitar su pequeño pero bien aprovechado interior, enfilamos la cuesta que sube al pico Tesorero. Desde su cumbre tampoco pudimos disfrutar de las vistas porque la niebla lo impedía, pero en algún momento conseguimos intuir el Naranjo de Bulnes y Horcados Rojos.  Bajamos, comimos algo e iniciamos el pasaje más técnico de toda la travesía: la bajada de Horcados Rojos al Jou de los Boches. Hay un cable para ayudarse pero uno no se puede confiar en ningún momento, ya que hay mucha piedra suelta. Desde el Jou hasta el refugio de Urriellu se va viendo casi todo el rato el imponente Naranjo de Bulnes, el cual, cuando llegas al refugio que está a sus pies, nunca defrauda.

La tercera etapa fue una de las más duras, ya que va desde el refugio de Urriellu hasta el pueblo de Bulnes, pasando por el refugio de Cabrones y bajando por la canal de Amuesa. De camino al refugio pudimos contemplar Torre Cerredo y la estética cresta que lo une con el Pico Cabrones. Al llegar, dejamos las mochilas y subimos a Cueto Central y Sur del Trave, dos cumbres bonitas y con unas vistas espectaculares. Ya de vuelta al refugio, comida y bajada a Bulnes por Amuesa. El camino es bonito pero al final las piernas soportan un desnivel negativo acumulado de 2.000m, lo que la convierte en una etapa muy exigente.

La cuarta etapa fue, junto con la anterior, de las más duras, pero también de las más bonitas. Primero bajamos de Bulnes hasta el Cares, donde hicimos parte de la ruta que lleva su nombre, y luego subimos hasta la Majada de Ostón, donde dejamos las mochilas y nos acercamos a la cumbre del pico La Peña. Al ser un pico que se eleva justo encima del Cares, se tienen  unas vistas inmejorables del cañón. De vuelta a las mochilas y después de comer algo mientras las vacas intentaban participar de nuestra comida, nos dirigimos al refugio de Vega de Ario. En el camino nos encontramos con dos pastores auténticos de la zona, uno de los cuales nos acompañó durante un trecho del camino, episodio que constituyó uno de los mejores momentos del viaje. Esa tarde la niebla nos cubrió más que ningún otro día y vimos el refugio cuando ya casi estábamos en él.

La quinta etapa fue corta, fácil, bonita y soleada. Bajada a los lagos de Covadonga y subida al refugio de Vegarredonda. Llegamos a la hora de comer, descansamos un rato y sin mochilas nos acercamos al Mirador de Ordiales, famoso entre otros motivos por encontrarse allí enterrados los restos de Pedro Pidal, persona ilustre en el marco político y alpinístico, quien escaló por primera vez el Naranjo de Bulnes junto con el Cainejo.  Desde la puerta del refugio, después de cenar, contemplamos una de las puestas de sol más bonitas que he visto nunca, con el sol poniéndose por detrás del mar de nubes que se extendía al fondo.

La sexta etapa fue la última larga de nuestro viaje. Desde el refugio de Vegarredonda fuimos al refugio de Vegabaño, pasando por Vega Huerta y el refugio no guardado que lleva su nombre. Aquí comimos mientras nos dejábamos impresionar por la cara sur del Peña Santa, viendo por donde discurre la vía Sur y soñando con el momento en el que la escalaríamos.  De vuelta a la actividad actual y azotados por un sol poco habitual por esas tierras, empezamos a bajar por el Camino del Burro para luego entrar en un precioso bosque de robles, donde no había prisa, no hacía calor, el sol ya no molestaba, no había gente ni viento y solo había que bajar disfrutando de lo que nos rodeaba hasta llegar al refugio.

La séptima y última etapa fue corta y casi todo cuesta abajo,  por un camino que discurría principalmente entre árboles. Sabíamos que el día iba a ser inmejorable, teníamos el trabajo casi hecho y el camino permitía ir hablando distendidamente, sin piedras ni posibilidad de pérdida. Todo perfecto. Llegamos a Posada de Valdeón sobre las 12, lo que nos permitió iniciar a buena hora nuestro regreso a Madrid.

Ha sido un viaje inolvidable, en el que hemos recorrido casi todo Picos de Europa y hemos pasado por los puntos más emblemáticos, con una meteorología con poco margen de mejora y una compañía que siempre aportó palabras de ánimo, compañerismo y lo que nunca debe faltar, buen humor.

Los comentarios están cerrados.