Crónica salida a los Montes Universales. 10-11 Febrero 2018.

El planteamiento de esta salida era doble: buscar las sensaciones térmicas de los fríos intensos y buscar una buena nieve para practicar con raquetas. Y para ello nos fuimos a un buen lugar: al denominado "triángulo del frio" entre las provincias de Guadalajara, Cuenca y Teruel, Sierra de Albarracín, Montes Universales para subir a su techo, el Caimodorro (1936 m).

Y mejor imposible. Para abrir boca la mañana del sábado salimos para realizar un bonito recorrido circular desde Corduente hasta la hoz del río Gallo. Durante todo el trayecto en coche, desde Guadalajara hasta Corduente, fuimos contemplando kilómetros y kilómetros de paisaje nevado, esperando encontrar en cualquier momento el trineo con el Doctor Zhivago. Siberia en estado puro. Con este preámbulo, las vistas desde lo alto del mirador sobre la hoz nos resultaron espectaculares. A su belleza natural se añadieron los remates blancos de nieve, cual guindas de nata, adornando las cimas de cualquiera de las decenas de pináculos de conglomerado que configuran el lugar.

Excelente sitio para comer.

Y el café en el bar del Santuario que hay justo debajo. Regreso a los coches y viaje hasta el Hostal Alto Tajo, en Orea.

La llegada al hostal nos tenía reservada otra buena sorpresa: las pista de hielo de unos 500 metros en que se había convertido la carretera. Nuestros avezados conductores ni pestañearon.

La mañana del domingo amaneció sombría, no presagiando nada bueno. Pero esto no bastó para arredrarnos. Ni los 6 km de carretera helada, ni la nieve que cubría todas las calles de Orihuela del Tremedal, ni la rasca que hacía, ni las raquetas que tuvimos que ponernos ya en la última calle del pueblo. Como si la situación fuera cotidiana tiramos para adelante y eso que había quien era la primera vez que se calzaba unas raquetas.

Primera subida del día hasta el Santuario de Ntra. Sra. del Tremedal (1770 m) por encima de una buena capa de nieve. ¡Benditas raquetas! ¿Qué hubiera sido de nosotros sin vuestra ayuda?

Gracias a los gps desde aquí pudimos proseguir el camino. Marcas perdidas y ninguna traza visible sobre el terreno. Como si navegáramos por el mar, solo que en un cerrado bosque de pinos y robles.

Bajada hasta la carretera que lleva a Noguera de Albarracín y segunda y última subida de la jornada. Como no, sin habernos quitado un solo instante las raquetas. Último tramo muy empinado y exigente hasta la extraña cumbre del Caimodorro (1936 m) solo reconocible por su vértice geodésico pues está enclavada en un altozano lleno de pinos.

Vuelta a navegar tirando de gps para bajar hasta una pista, la típica larga y pesada pista que siempre tiene que haber al final de las jornadas largas, cuando lo único que quieres es quitarte raquetas y sujetar una cerveza.

Bueno, eso llegó, pero después de los aproximadamente 16 km que nos hicimos con los zapatones de colorines.

Magníficos dos días. Todos nos prometimos volver a repetir la experiencia.

Pepe Ynat.

 

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