Cronica de la excursión a Charca Ranas

El pasado 16 de septiembre, después de las vacaciones, retomamos la actividad del Grupo excursionista, con un paseo por las aulas de la sierra de Guadarrama, en «Balsaín», con B en recuerdo a D. Antonio Machado (1875-1939), alumno de la Institución Libre de Enseñanza, vecino de Segovia entre 1919 y 1932, donde fue profesor de francés, escribe:

¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,
la sierra gris y blanca,
la sierra de mis tardes madrileñas
que yo veía en el azul pintada?
Por tus barrancos hondos
y por tus cumbres agrias
mil Guadarramas y mil soles vienen,
cabalgando conmigo, a tus entrañas.

Camino de Balsaín, 1911
Campos de Castilla

En la Cruz de la Gallega, con la observación de la ciudad de Segovia en lontananza, la economista y abogada Dª. Cristina Ruiz-Castillo, lee de D. Miguel de Unamuno (1864-1936):

¡Ancha es Castilla! ¡Y qué hermosa la tristeza reposada se ese mar petrificado y lleno de cielo! Es un paisaje uniforme y monótono en sus contrastes de luz y sombra, en sus tintas disociadas y pobres en matices. Las tierras se presentan como en inmensa plancha de mosaico de pobrísima variedad, sobre la que se extiende el azul intensísimo del cielo. Faltan suaves transiciones, ni hay otra continuidad armónica que la de la llanura inmensa y el azul compacto que la cubre e ilumina.

No despierta este paisaje sentimientos voluptuosos de alegría de vivir, ni sugiere sensaciones de comodidad y holgura concupiscibles; no es un campo verde y graso en que dan ganas de revolcarse, ni hay repliegues de tierra llamen como un nido.

No evoca su contemplación al animal que duerme en nosotros todos, y que medio despierto de su modorra se regodea en el deseo de satisfacciones de apetitos amasados con su carne desde los albores de su vida, a la presencia de frondosos campos de vegetación opulenta. No es una naturaleza que recree al espíritu.

Nos desase más bien del pobre suelo, envolviéndonos en el cielo puro, desnudo y uniforme. No hay aquí comunión con la naturaleza, ni nos absorbe ésta en sus espléndidas exuberancias; es, si cabe decirlo, más que panteístico, un paisaje monoteístico este campo infinito en que, sin perderse, se achica el hombre, y en que siente en medio de la sequía de los campos sequedades del alma. El mismo profundo estado, de ánimo que este paisaje me produce aquel canto en que el alma atormentada de Leopardo nos presenta al pastor errante que, en las estepas asiáticas, interroga a la luna por su destino.

Siempre que contemplo la llanura castellana recuerdo dos cuadros. Es el uno un campo escueto, seco y caliente, bajo un cielo intenso, en que llena largo espacio inmensa muchedumbre de moros arrodillados, con las espingardas en el suelo, hundidas las cabezas entre las manos apoyadas en tierra, y al frente de ellos, de pie, un caudillo tostado, con los brazos tensos al azul infinito y la vista perdida en él, como diciendo: «¡Sólo Dios es Dios!» En el otro cuadro se presentaban en el inmenso páramo muerto, a la luz derretida del crepúsculo, un cardo quebrando la imponente monotonía en el primer término, y en lontananza las siluetas de Don Quijote y Sancho sobre el cielo  agonizante.

«Sólo Dios es Dios», la vida es sueño y que el sol no se ponga en mis dominios», se recuerda contemplando estas llanuras.

A continuación, la veterinaria y maestra, Dª. Isabel Barrientos, nos lleva a la búsqueda de ranas en la charca situada cerca de Cabeza Gatos.

Cambiamos de aula, de las praderas de montaña donde el ganado pasa el verano, con vistas a Castilla y los cordales cercanos, nos adentramos en el bosque, el Pinar de la Acebeda, declarado Sitio Natural de Interés Nacional, por petición de la Real Sociedad Española de Alpinismo Peñalara, en 1930. Llegamos al azud, comienzo del acueducto segoviano, la ingeniera Dª. Ruth Romera, nos instruye sobre su uso, año de construcción, recorrido, caudal, velocidad, y demás detalles técnicos. Una obra de ingenieros romanos que mantiene su funcionalidad durante varios siglos, lo que nos lleva a desear tener en nuestros días, constructores tan excelentes.

Volvemos a cambiar de aula; dejamos el bosque para encontrar la cañada Real Soriana Occidental, interrumpida por el embalse de Puente Alta, 90 varas castellanas de anchura (75,22m), su trazado y conservación desde 1273 a 1836, fue cometido del Honrado Concejo de la Mesta.

Abandonamos la cañada para ascender a Cabeza Grande (1428 m), sentados junto a su vértice geodésico escuchamos a la estudiante Dª. Celia Luengo que nos narra la leyenda de la sierra del Dragón, al finalizar los asistentes agradecemos sus palabras con aplausos.

El día de excursión, poco caluroso, sin neblina, nos ha permitido disfrutar del paisaje, conversar con los consocios, y después de casi 19 km recorridos, disfrutar del refresco y los acostumbrados torreznos, en La Pradera de Valsaín. Es de agradecer el trato que la propietaria del bar Sra. Puri, nos dispensa siempre que el Grupo Excursionista visita su establecimiento.

En esta excursión disfrutamos de la compañía de la peñalarina señorita Nora de 19 meses, con sus padres Alvaro Sánchez y Patricia Moreno.

Nos traemos de las aulas de la sierra del Guadarrama, más cosas que llevamos, agradecemos a los asistentes su participación, que es muy importante para el éxito de la excursión.

Fernando Joaquín Díaz Guillén

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