Ruta Giner con el Ateneo de Madrid.

A las nueve y media recibimos a 50 personas en la Estación, entre 15 y 20 llegaron en el tren, estupendo. Un grupo variado en procedencias y edades, gente de Comillas, un par de alumnas de la Complutense, FAPA Giner de los Ríos, un grupo de educación vinculado a Acción Educativa, gente del Ateneo, de Peñalara, todos amigos de lo que significa Giner de los Ríos. Palabras de bienvenida y explicación del plan, y salimos hacia arriba, viento frío y nubes negras en la Peñota... Luego mejoró.

El alcalde, amable y discreto, nos esperaba en el Ayuntamiento e incluso nos mandó un coche y dos municipales que cortaron un lado del tráfico en la parte estrecha del pueblo para que pasara el grupo sin problemas. ¡Demasiado! En la plazuela de Giner, justo detrás del edificio consistorial, placa, poema de Machado, explicaciones de la infancia del poeta en Madrid (lectura a cargo de Pedro de la biografía escrita por Ian Gibson Ligero de equipaje mediante) y de la vinculación de toda la familia sevillana Machado con la Institución y el aprecio que tenían por Giner de los Ríos. Rafael Rey, profesor de literatura retirado y escritor afincado en Cercedilla, nos habló de la poesía popular del Arcipreste que transitó por estos puertos, en contraste con la señorial del Marqués de Santillana y la esotérica de los clérigos. Toda una reivindicación.

Salimos del pueblo por el camino del Calvario, soleado y frío, muy agradable, ruta habitual de los institucionistas. Fernando, que nos acompañó en la marcha y aportó interesantes "cotilleos" como él dice aquí y allá, nos hizo parar en el punto de la famosa foto de Giner en la que, a grandes trancos, se le ve subir por la sierra con el perfil hacia Siete Picos de fondo. Aprovechamos para una buena foto de grupo junto a la misma tapia que acompaña el camino del maestro.

Subida calmada junto al embalse de Navalmedio, y kilómetro final por la senda que se encarama directa a la casita. En esta subida final se nos unió Elisa Navas, Directora de la Fundación Giner, que luego dijo unas palabras a los reunidos y regaló a cada uno una separata con el artículo Paisajes escrito por Giner, del que leímos algún párrafo en voz alta. Sentados al sol a la puerta de la casa (hay presupuesto de la Fundación desde hace una año y proyecto de rehabilitación del tejado y del interior, pero faltan permisos de obra, nos dijo Elisa, así que no entramos), Pedro leyó con gusto y detalle fragmentos sobre el mes de verano que pasó Giner en la casita en 1913. Preciosas muestras de su forma austera de vivir y el gusto por los detalles pulcros que practicaba, amén de algún baño en el arroyo cercano. Pidió a Carmen Zapata que nos leyera el emocionante y famoso poema de Machado, encargo que cumplió con empeño y voz firme pese al recuerdo personal que muchos poníamos al escuchar sus palabras: hacia otra luz más pura partió el hermano de la luz del alba...

Después de explicar el uso de la zona en los años 20, estación biológica, chalet del Club Alpino Español, casitas de familias adineradas, continuamos los 300 metros hasta el Ventorrillo, donde apareció caminando desde el puerto (había subido en tren desde Madrid, y se bajaba a comer a Cercedilla) el mismísimo Antonio Sáenz de Miera, que nos acompañó hacia el pino de la cadena y añadió algún comentario interesante a la explicación que allí se hizo, con nueva lectura por parte de Pedro para explicar la historia de la cadena crecedera.

Bocadillo al sol, bajo los pinos y junto al arroyo, justo encima de la pradera de las Cortes, y una última lectura sobre Giner, para la que Pedro (que había preparado el recorrido y las informaciones con todo detalle como veis) aprovechó el magnífico artículo escrito en el centenario de Giner por Francisco Laporta, El maestro de la educación interior, buen colofón de este recorrido gineriano. Disponible en:  http://elpais.com/elpais/2015/02/17/opinion/1424166516_107423.html


Reanudamos la marcha para el tramo final, y en la misma pradera tuvimos una explicación de Leonardo Fernández Troyano (cercano a los 80 años, su mujer y él nos acompañaron todo el recorrido, justo antes del final se despidieron para subir a su casa de Camorritos) sobre las minas de wolframio (o tungsteno según los idiomas) que había encima, en el bosquecillo por el que se sube a la estación del trenecillo de Collado Albo.

En fin, bajada agradable y soleada (en total caminamos unas tres horas y media, unos 12 kilómetros), paso de río con equilibrismos y llegada al pueblo, donde despedimos al grupo pasadas las tres y media de la tarde. Quedamos en enviar a todos la convocatoria para la última sesión del ciclo, José Manuel Llera tiene las direcciones de correo.

Un abrazo dominical,

Nacho Gonzalo

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