Crónica salida a la Torre Bermeja. 12-13 junio 2021.

Grupo en la cima de Torre Bermeja

Organizada por Ana Torre, el fin de semana del 12 y 13 de junio tuvo lugar la Ascensión a Torre Bermeja, 1500 m, una de las primeras actividades después del confinamiento.

El viernes 11 salimos de Madrid en tres coches 9 participantes. Ya se notaba el atasco habitual de los fines de semana. Y hacía calor, hasta que por Milagros nos pilló la tormenta con granizo incluido. Tuvimos que resguardarnos en el parking de un restaurante.

El campo estaba precioso, el cereal de Castilla todavía verde. Y ya por León más verde todavía. Esa sensación de libertad ir dejando atrás la gran urbe. Cuando aparecen las montañas a lo lejos parece que te llaman. Todavía se veían algunas manchas de nieve en el Espigüete.  Dan ganas de hacer fotos sin parar.

Fuimos llegando a Posada de Valdeón poco antes de la cena.  Nos hospedamos en la clásica pensión Begoña, que todavía conserva su sabor centenario. Todavía recatados, nos sentamos en mesas separadas debido a las restricciones covid, pero ya en la sobremesa se entabló buena charleta y hasta corrió el orujillo de unos compañeros vascos.

El sábado empezamos la ascensión a Torre Bermeja a las nueve de la mañana con un tiempo excelente. Al querer hacer la ruta circular, dejamos el caminito fácil y nos metimos entre los piornos buscando el Sedo del Gato.  Muy divertido a ver dónde ponías el pie, pero un viacrucis para los que llevaban pantalones cortos.  Enseguida la ruta se hace muy vertical, al menos para mí que llegué desfondada al primer descanso, la falta de entrenamiento será. Gracias a que JM Cámara y Juanma liberaron peso de mi mochila que si no allí me quedo sentada. Después cada paso un esfuerzo hasta la cumbre.

Vista del Sedo del Gato, Bolo y Torre Bermeja

Los más fuertes (casi todos) se animaron a subir a un pico aledaño, El Bolo, que puntúa como nueva cumbre. Andar por los neveros requiere su técnica, aunque la nieve estaba blanda y no hizo falta ponerse crampones, se seguía bien la huella.  Llegamos a la cima a mediodía.

Cumbre de Torre Bermeja

La vista preciosa, todo un circo de montañas alrededor, con Peña Santa enfrente, y el cortado de nuestra cumbre impresionante.

Peña Santa desde Torre Bermeja

Qué bien sabe el bocata allá arriba. Bueno, Juanma no lo pudo saborear porque se aventuró a ver una cueva y llegó más tarde a la cumbre. Como la predicción era de tormenta no podíamos entretenernos más allí arriba, así que iniciamos rápido el descenso.  Bajar la pedrera también es dificultoso,  es como esquiar en piedras, y ojo no pierdas el equilibrio porque puedes rodar como esas piedras.

Comienzo canal de Pambuches

Bajamos por la Canal de Pambuches con su infranqueable farallón a la izquierda. Impresionante! Sólo algún pájaro y las florecillas parecen habitar allí. Una pena no poder parar más veces a admirarlo (y a descansar).

Final de la canal de Pambuches

Como la tormenta no llegaba pudimos hacer otra parada para reagruparnos en una sombra, apurando el agua ya escasa, sin saber que a escasos veinte metros nos esperaba una hermosa fuente con pilón. Algunos metieron cabeza y todo.

Acabando la ruta

Y la tormenta no llegó…todo sol y más sol. Así saben mejor las cervezas, dijo uno. Estaba muy animada la calle, se notaba a la gente contenta de salir del encierro. Hasta estiramientos hicimos en el césped de la iglesia.

Relax después de la ruta

En la cena mucha comida y muchas risas recreando el paseíto, que si el Señor de los Tercios de Flandes (Edesio), que si el explorador en busca de cuevas, que si el piolet perdido en el prado, que si la fuente escondida, que si la tormenta de las seis. Todo el mundo eufórico después del esfuerzo. Además del oxígeno de la montaña, el vino de la casa  también pudo influir.

Al día siguiente cogimos los coches y después de perdernos un poco llegamos a la Ferrata de Socastillo, escondida en un valle idílico, como todo en Picos de Europa.

Ferrata Socastillo

El puente Tibetano que cuelga sobre el cañón es de vértigo. Y Ana Clavo superando muy bien su vértigo!  Yo sólo fui capaz de mirar al río del fondo durante breves segundos, no fuera a ser que me diera un vahído.

Todos los pasos muy bien equipados y algún desplome para hacer brazos también tuvimos.

Todavía con ganas de risas compartimos la comida en un bar de carretera. Los que atienden ya no son lugareños, pero igual de amables y las viandas buenas.  Los paisanos se quejaban del calor, que llega pronto este año.

Y a la vuelta pues otro poco de atasco que sirve para ir pensando en más planes y en más escapadas a la montaña. 

Gracias a la organizadora y a todos los participantes!

Laura Cerezo, una aficionadilla.

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