Crónica BTT: Salida al embalse de Valmayor

El 13 de Noviembre amaneció gris y el cielo parecía pedirnos que abandonásemos la idea de pedalear por la mañana, a no ser que llevásemos un buen chubasquero y un buen set de ropa seca de repuesto.  

A las 9:30 nos reunimos en la estación de Cercanías de El Escorial. Los más madrugadores fueron a por cafeína al bar de la estación. Mientras, el grupo se iba formando alrededor de una fuente donde muy convenientemente, pudimos rellenar el bidón de agua. Ahí conocimos a Andrea, de la vocalía de jóvenes y que se unió por primera vez a las salidas del grupo de bici. Y también estaba Mari Carmen, que nos dió la salida y nos pusimos en camino. Total 16 más Maricarmen


La primera parte de la ruta discurrió por un sendero llano pero tremendamente divertido entre encinas, robles y pinos.  De cuando en cuando, encontrábamos rocas que nos obligaban a bajarnos de la bici para salvarlas, mientras una experta corredora de la zona literalmente “nos quitaba las pegatinas”.

Poco a poco, nos fuimos aproximando al embalse de Valmayor. Es el segundo en capacidad de la Comunidad de Madrid, tras el del Atazar y recoge las aguas del río Aulencia.  

Fuimos rodeando su orilla progresivamente, pero, en cierto punto, tras estudiar varias opciones, tuvimos que sortear un paso cruzando a horcajadas sobre un tronco para poder salvar el agua. Aunque lo cierto es que no siempre fue posible… 

Poco más adelante, el camino terminaba en el borde de una roca, y reanudaba en un plano distinto. Para salvar el desnivel, tuvimos que reagruparnos y ayudarnos entre todos a bajar las bicis. Un par de cormoranes negros nos miraba desde la orilla. 

Para entonces, ya salía el sol y la calma del pantano se contagiaba al ir pedaleando por la orilla. Por suerte para nuestra tranquilidad o por desgracia, tampoco vimos ningún cocodrilo descendiente de aquéllos que en 2003, se decía que nadaban en sus aguas. 

Iniciamos el camino de vuelta a la estación, guiados por José Manuel Blas por la Senda de las 7 puertas.  

Ya finalizando, atravesamos un puente que nos dejó una maravillosa imagen de las vías del tren inmersas entre un bosque de encinas y un horizonte adornado con el imponente perfil de San Lorenzo del Escorial.  

En la misma fuente del principio, dimos por terminada esta preciosa y estudiada ruta, que nos recuerda que no hace falta irse lejos para disfrutar de buenos paisajes. 

Para muchos, la jornada continuó recargando energías en la comida homenaje a Ricardo, quien nos regaló su compañía y algunas de sus anécdotas sobre la bici. ¡Todo un ejemplo a seguir!

CRONISTA SANDRA GOMEZ

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