Crónica Moncaya mayo 2022

La vocalía de BTT proponía una vuelta al Moncayo  los días 14, 15 y 16 de mayo auspiciada por Roberto Lozano y Maricarmen. Diecisiete peñalaros ciclistas nos reunimos ante semejante pastel. Siempre hay una excitación especial en las convocatorias oficiales: características geográficas, cariz del alojamiento, compañeros entrañables, nuevos integrantes…era el caso de Sandra Gómez, intrépida esquiadora y Juan Hebrero, de la vocalía de esquí nórdico.


Pero también hay un interlineado en estas rutas: un paisaje que insiste en permanecer en nuestra mirada, compañeros novatos que nos recuerdan nuestro bautismo peñalaro, pero también ausencia de coches en carreteras plagadas de camiones que nos señalan que no se “va” a ninguna parte, sino que se “pasa por ahí”. Nuestra España vaciada donde se subraya la ausencia de habitantes y el abandono de derechos.

En el Hostal Doña Juanade Ágreda, ciudad de las tres culturas, nos agrupamos en torno a opíparas cenas y magníficos desayunos; y de su anejo Cuevas de Ágreda cuyo alcalde se hacía los dedos huéspedes ante tanto forastero al que vendía la moto de” Bécquer y todo lo que hay por aquí donde sois bienvenidos” partiría nuestro periplo.

Alegría incipiente que pronto puso pie a tierra trágame ante una rigurosa subida donde se me apareció un ángel de Peridis encarnado en Carlos Fernández que me subió la bici lo que tuve que atajar entre piornos a zancadas.

Encarrilados ya en ascenso alpino, el faldeo curvilíneo del Moncayo ofrecía vistas que merecieron más de una parada, pues la belleza cortaba el aliento. No se me olvidará la bajada mágica por el maravilloso hayedo del Moncayo, se adjunta foto del paraíso, ni la frescura de su sombra ni los alaridos beteteros atravesándolo. Huyendo despavoridos, conseguimos llegar antes a San Martín de Moncayo, meta de la jornada, que la tormenta, cuya amenaza nos anunciaba Juan Herrero, que insistía en repartir a plazos su bicicleta por el monte. Mientras guarecíamos bicis, rayos y truenos resonaron en la gravedad de los valles. La tarde se disolvió en amena charla  y las exquisiteces de la cena nos consolaban de los “pesares” peñalaros.

A temprana hora partimos en segunda jornada con un desnivel algo menor, pero constante y permanente cuya aventura la puso el cruce de un arroyo del río Quilates, que bajaba creciente y arrastrao, como tango de Gardel. Cholo, cual Caupolicán en medio de las aguas, facilitaba el paso de quienes, bicis arriba, protagonizábamos hazañas bélicas moncayanas. 

El sol, posteriormente, apretaría lo justo para adherir ruedas a grava y el ascenso polvoriento y brillante subrayó la epicidad del día y la generosidad peñalara de compartir una sola sombra de árbol para el tentempié de diecisiete desalmados. Los que ansiábamos la cañita redentora metimos la directa hacia Ágreda en carretera longilínea y cuasieterna, mientras la brisa peinaba las praderas.

Los más avezados exploraron terrenos inhóspitos en busca de pequeños acicates (pinchazos al soleil que más calienta), postergando su comida a la merienda.

Ágreda de tarde fue una caricia: frontera entre Soria y Zaragoza, con huertas árabes abandonadas, palacio con jardín renacentista, cañones transformados en moradas, dehesa del parque con la mayor hilera de castaños de Indias en flor de Europa, casas hermosas y mudas, esplendor lejano en vía muerta de tren…Imposible agotar nuestro asombro paseado.

Y al tercer día, la división cantábrica, Patroclo, Cholo y Nacho propusieron una variante por una antigua vía verde que hizo las delicias de todos y porque la jara, la malva y la genciana nos ofrecieron columpiarnos al vacío.

Coronando Cuevas, dieciocho comidas para un solo hombre, que con nosotros pagaría la luz de un trimestre, (¡pobre España!) se sucedían como capítulos de folletín: con suspense. Mientras los huevos fritos salieron despacio, los besos se repartieron deprisa entre los compañeros del pedal: Maricarmen y Roberto, Laura y Carlos, Teresa y Carlos Gómez, Najat y Edesio, Sandra, José Blas, Juan Herrero y Juan Hebrero, Cholo, Patroclo y Nacho y Jesús Vázquez y Laura Serrano.Fotos se adjuntan de estas gestas en las que hubo de todo: incluido el atropello de un todoterreno a la bici de Roberto “porque estaba ahí”. Será que las eléctricas no merecen vivir…

Laura Serrano de Santos

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