Valvanera bicicleta de montaña

El viernes 22 de octubre, 46 peñalaros llegamos a la hospedería de Valvanera para alojarnos y disfrutar del entorno del monasterio y los colores otoñales de nuestros bosques y viñedos. 

Las dos vocalías participantes, Bicicleta de Montaña y Grupo Excursionista, habían organizado sendas actividades en el valle del Najerilla. 

El sábado día 23, ambas tuvieron su salida y su meta en Valvanera. Los 22 ciclistas madrugaron para escoger su ruta circular de entre las cuatro disponibles, de 18 a 63 km, y de 730 a 2140 m de ascenso acumulado. Nuestra patrona la Virgen de Valvanera, ofreció unas condiciones meteorológicas inmejorables, salvo algo de frío de todos en los descensos con bicicleta, debido al poco abrigo, por inocente descuido de tan experimentados ciclistas. 

El domingo día 24, partimos de Nájera, para visitar Somalo, la desembocadura del Najerilla, Cenicero y el canal de la margen derecha hasta Huércanos y vuelta a Nájera. Las numerosas paradas y miradores, restaron tiempo suficiente para hacer la subida final al cerro de La Calavera. No importa, queda para otra ocasión, tras un grato fin de semana en tierras riojanas.

Manuel Campos Leza


23-10-2021 Sierra de la Demanda. La Rioja

Con las primeras luces del alba partimos la sección de bicicleta de montaña del Club Peñalara desde el Monasterio de Valvanera, que hospeda a la Patrona de la Rioja, que no es otra que la Virgen de Valvanera. 

La climatología que se vaticinaba era benigna, pero a la mañana la temperatura rondaba los cero grados. Como se comentaba en la salida “la cuesta arriba abriga”, y verdaderamente de salida había una  dura subida por una pista forestal  que nos llevaría hasta el collado del Bierzo. La subida era exigente y continuada, con curvas cerradas al principio, sin descansos, el terreno estaba en los primeros kilómetros suelto y seco. Así llegamos hasta un pequeño hayedo donde la inclinación empezó a templar, lo cual se agradeció, después continuó entre pino silvestre de buen porte, y aquí la inclinación bajo aún más, en el cortafuegos de ese pinar se hizo una pequeña reunificación del grupo. Estábamos en el collado del Bierzo y continuamos subiendo pasando por una zona en que la pista tenía mucha inclinación y el terreno suelto, lo cual recomendó apearse a la mayoría, al final de este tramo descansamos, comimos y sentimos los tiros de unos cazadores que cazaban palomas al paso, o así sospecho. 

Bajando a Tobía

A partir de aquí, y pasando por el nacimiento del arroyo de Tobía, continuamos subiendo levemente. Estábamos probablemente en la zona de más altitud de la ruta, muy propicia para otear. Pudimos contemplar la paleta de colores del otoño (muchos arces –superar al arce ahora en cromatismo es difícil-, hayas, pino silvestre, acebo, roble, abedul, fresno, etc.), en fin, la Sierra de la Demanda ardiendo con llamas como de miel, y con zonas de ascuas... Impresionante. También pudimos ver a nuestra espalda en lontananza el pico San Lorenzo y parte del aparataje de la estación de esquí de Valdezcaray, ganado vacuno con los retoños del año, y a nuestro frente y derecha laderas tupidas de hayedos por las que discurre el arroyo Tobía a juntarse con el río Najerilla. Todo ello bajo un tremendo cielo azul celeste. Largo descenso, atravesando a tramos, un hayedo precioso para llegar a la peña y pueblo de Tobía, en el cual, aprovechamos el bar que había abierto para adentrarnos a tomar cafés e infusiones bien calentitos y algo de comer, para posteriormente dirigirnos al pueblo de Matute, y por el GR-93 que discurre por la mies, y tras alguna parada, contactar con el pueblo de Anguiano, el pueblo de los danzantes.

Aquí descansamos, charlamos, sopesamos fuerzas, en el bar tomamos refrigerios varios, y comimos algo, y también establecimos quienes íbamos a continuar por una ruta u otra.  Hasta aquí la ruta 1 y 2 habían realizado el mismo trayecto, era a partir de aquí donde la ruta 1 se desviaba de la carretera LR-113 a la salida de Anguiano para subir por una pista forestal al collado de Roñas, pasando por la ermita  de Santa María Magdalena, poco después de la cual, existía en la pista un cruce, que tomamos por su izquierda, con mucho desnivel y descarnada, aunque solo unos cincuenta metros, después y siempre entre bosque tupido (hayas, algún tejo) subía con porcentajes constantes pero no tan elevados como el collado del Bierzo, con tiradas largas entre curva y curva,  el piso estaba perfecto, la tranquilidad absoluta, bien orientados por el Cicerone Manuel Campos subimos en armonía y acompasados hasta el collado de Roñas (bonito lugar). Aún el Sol nos calentaba en lo alto. Para posteriormente, y cual danzantes de Anguiano, eso sí, sin zancos, con nuestras bicicletas, nos tiramos cuesta abajo. La bajada tenía buenas vistas, pero había que estar pendiente dado que estaba el terreno seco, suelto, y si llevas las ruedas con mucha presión, pues no es difícil derrapar, había además abundantes curvas. Apareció el arroyo de Roñas afluente del Najerilla, y hasta él nos llevó,  pasando alguna angostura en la roca. Aquí estábamos nuevamente en la carretera LR-113, sentados en su pretil tomando los últimos rayos de sol directos, dado que amenazaba con esconderse tras los altos pinos, y así lo hizo en pocos minutos, tras lo cual, partimos. La Ruta 2 había evitado el collado de Roñas, a la salida de Anguiano, realizando 6 kilómetros por la citada carretera LR-113.

Es decir, nos habíamos unido nuevamente ya la ruta 1 y 2 y desde aquí hasta el Monasterio volvíamos a compartir ruta.  Pedaleando varios kilómetros por la carretera LR-113 en sentido embalse de Mansilla, para una vez llegados al desvío del monasterio, coger su carretera de ascenso durante varios kilómetros hasta la Cruz de Valvanera, lugar que tomábamos desvío a izquierda para seguir por pista forestal en sentido contrario al discurrir de las aguas del arroyo del Valvanera, todo ello por un bosque, mayormente de hayas, y tras varios kilómetros, giramos a la derecha, abandonábamos el arroyo, y por una rampa con mayor desnivel subíamos al Monasterio de Valvanera. Terminaba un día de bicicleta: por bonitos parajes, en ese momento clave del otoño, en buena compañía, en armonía ciclista, con mucha luz otoñal, con exigencia física también, pero con muy buenas sensaciones ciclistas, y con un relajo al terminar… Vaya! Un disfrute.

 Llegábamos los de la ruta 1, aún de día y creo recordar sobre las 18: 45 horas. Estimo que los participantes de la ruta 2 sobre las 16:45 horas. Completando así la ruta 1 con  aproximadamente 2.100 metros de desnivel y 63 kilómetros de distancia y la ruta 2  aproximadamente 1.400 metros de desnivel y 53 kilómetros de distancia.

Manuel Ruiz Fernández

Peñalaros en Valvanera

24-10-2021 El otoño riojano de la Edad Media en btt

 El Monasterio de Valvanera se iba recogiendo ya el viernes 22 de octubre cuando más de cuarenta peñalaros iban llegando poco a poco a destino a la convocatoria de Manuel Campos Leza y Marisa García Lecea para ruta riojana en btt y para la del grupo excursionista dirigida por Arancha Barragán. Este hecho fue emocionante, pues quien escribe esto se hizo socia un mes antes del confinamiento, hace ya casi dos años, y nunca había visto participación tan abundante, variada y activa fuera de pequeños círculos de una práctica concreta. La cena alegre, variopinta y animada se resolvía entre sonrisas y pequeños temores ante las rutas exigentes y el horario espartano dispuesto por Manuel al minuto.

Hasta cuatro rutas se habían diseñado pensando en todas las posibilidades. Dos oficiales, exigentes y costosas (que viene de cuesta), Valvanera-Anguiano-Roñas, 62,67 km, 2160 m de ascenso acumulado y Valvanera-Tobía-Anguiano, 51,32 km, 1400 metros de ascenso acumulado.

Las otras dos elegibles y extraoficiales (Valvanera-Ocijo -28 km, 1025 m- y Valvanera-Valle del río -18 km, 870 m-) fueron diseñadas pensando en capacidades variadas o discapacidades transitorias, como en mi caso, con lesión en supraespinoso. Gracias, Maestro.

No se podía uno levantar cuando el despertador lo decidió, en plena noche, al opíparo desayuno por culpa de la habitación, tan acogedora, y por el frío oscuro que arañaba el cristal de la ventana. Manu militari estábamos avocados a desayunar, preparar bicis y posar en foto grupal a las 8:10 para la salida prevista a las 8:14. Destellos frontales se agitaban diligentes y ajustaban luces delanteras y traseras adelantando la prisa a la pereza. Formamos grupo en plena noche, nunca me vi en tal marco y hora, y cuando se iba a disparar la foto, la Aurora de los dedos de rosa nos rozó ligeramente la piel dando lugar a un nuevo amanecer. Salimos, pues, de día, en cuestión de segundos atravesando pórtico ojivalado en pedalada épica y cuesta arriba todos, las rutas se irían bifurcando. No importaba la subida, tal era el frío, ni importaba el desnivel para la charla con los amigos, queridos peñalaros. Bien pronto, la ruta 4 nos avisó de que debíamos desviarnos Jesús Vázquez, generoso, y la que escribe, alipartida.

A partir de aquí, soy testigo de lo que Manuel nos anunció como la ruta “gran reserva” frente a las demás, “de crianza”. Las bicis trepaban por pistas que dormían todavía de espaldas a la claridad que, lentamente, se quería imponer. Las ruedas besaban hojas pardas, amarillas y bermejas, metalizadas todas por las gotas de agua que abandonaban la escarcha. Y, de pronto, el hayedo mágico, con troncos ollados de ojos misteriosos, ramas de plataformas oferentes, que nos abrían el paso y amarillos y naranjas predominantes en una alfombra multicolor. Me tenía que apear y sacar fotos, aun cuando la cámara se aletargaba por el frío y no reaccionaba. Abrevaderos ofelianos, hatos dispuestos de troncos y ramas, luces azuladas y moradas hasta llegar a lo alto. Y el frío. Que se sentía hasta los huesos, pero se paliaba por la belleza tan ineludible. La bajada, hermosa y desconcertante, magnífica en robles, oriental en hayas, coqueta en arces de Montpellier. Se encendió, por fin, el río Valvanera, cuando tras bajar por la ladera, llegamos a la ribera soleada y los destellos se hacían infinitos. Pequeños trinos comenzaron a despistar la vista de tardías mariposas. Cuatro horas de goce asombroso, de belleza cambiante y valvanera. Y nuestro reino por un café y una ducha caliente. Gracias infinitas, Manuel, por el regalo de la ruta 4, quintaesencia del otoño riojano.

El resto de la jornada fue convivir, charlar y esperar arrivadas de otras bicis y otros senderistas. Visitar el monasterio (increíble toda esa mole magnífica a cargo de cuatro o cinco hermanos encarnados, España vaciada clerical) y sonreír en esa suerte de ambiente familiar que tiene nuestro grupo.

La ruta del domingo, 24 de octubre, iba a ser grupal Nájera-Cenicero-Huércanos. No sé si es porque íbamos todos, porque era menos exigente, porque estábamos todos tan contentos de betetear, que ya empezamos con café extra en Nájera, mientras, con pesar, teníamos que dejar a Roberto en el pueblo por avería en su bici. 

Pedalear con Marisa a mi diestra y hacerle partícipe de mi emoción ante la toponimia riojana y los primeros vagidos de la lengua castellana y la literatura bercea y la virgen María por ese otoño medieval, que se repetía ahora con mi pedaleo secular. Imaginaba el “vaso de bon vino” que partía de tanta viña corinto que ofrecía generosas sobras de uvas dulcísimas. Esto había que repetirlo cada año, dadas las posibilidades de la zona, culturales, gastronómicas, Santo Domingo de Silos, Yecla, San Millán, los Susos y Yusos… y los Montes Vascos, al frente, horizonte plateado de paseo entre viñas y canal al sol.

El agua que nos acompañaba con un sol tibio se hizo Ebro en un enclave delicioso en que el Najerilla comulgó con el Gran padre de las Huertas y Manuel, tímido y minucioso, paraba y explicaba. Y después de los cantos rodados de río, caramelos de mi infancia, vinieron las hospitalarias higueras de las que dimos buena cuenta e ilusión. Y atisbando chopos, como guardianes en formación en amarillas orillas, llegamos a Cenicero, donde Lalo Larrauri, señor de las palmeras, invitó a todos para festejar su estreno betetero y peñalaro.

Continuamos ruta y cuestas plagadas de almendrucos que, en el suelo, se escapaban de mi recogida furtiva por aprovechar fuerza e inercia. Miradores y viñedos infinitos, aguas, caminos de Santiago y observar pequeños animales, corzos, conejo, algún zorrito, cuya cola veloz escapaba de nuestras bicis. Y llegar a Huércanos, el pueblo de nuestra Marisa, y sentir ahí mismo el pueblo vasco, hermano de la cuna castellana, con el juego de la pelota cotidiano. Y sentir que se acaba, al llegar a Nájera, y que no hay gracias suficientes para Manuel y Marisa ni besos de sobra para todos. Que llega el fin y queremos más de esto mismo, al año que viene y de nuevas salidas, todos juntos, porque antes de la nieve, hay un milagro del otoño cada año. 

Laura Serrano de Santos


Resumen Relive Lalo Larrauri - Nájera
Resumen Relive Lalo Larrauri - Valvanera ruta 1
Resumen Relive Carlos Gómez - Valvanera ruta 2

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